El joven Nephilim descansa de rodillas al frente del portal de acero que se cerró bruscamente bajo 7 llaves. Él no alcanzó a correr ni resguardarse dentro de la "Cámara de la Esperanza":
-En mi prefacio que redacto en esta introducción, dejó mi experiencia, la reflexión sobre mi dolor y resiliencia de mi pasado.
Mi fuerza encontró su límite; fui confiado y mis puños ensangrentados se enfrentaron al obstáculo indestructible. En un parpadeo, el magnífico portal de acero se cerró frente a mi... Una vez que el último animal ingresó, el grave ruido de las hojas de la puerta de metal colisionaron violentamente cerrando herméticamente el acceso. Las púas rectilíneas que sobresalieron lentamente, le daban un carácter aún más soberbio y hostil.
La advertencia profética que se difundió por 120 años sobre las civilizaciones, no dio frutos, nadie prestó atención y sólo burlas expresaron!
El final ha llegado y ahora ya sé que la destrucción será inminente. Comienza a llover y continúo sólo frente al acceso mientras el resto sigue despreocupado y lejos de acá... Me hubiesen ayudado en grupo, a empujar el portal y nos salvamos todos, pero ellos prefirieron seguir incrementando su orgullo y egoísmo!
Recuerdo que antes de decidir impulsarme rápidamente hacia la entrada, escuché una grave voz que se hizo presente en todo el ambiente y ordenó que "ninguno mirara hacia atrás". Esa impactante voz demostraba una seriedad y autoridad única; no era necesario mirar el entorno o hacia el cielo para saber "quien" pronunció semejante mandato.
La orden celestial también tocó mi espíritu y por primera vez, no me arriesgue a desobedecer. Sin embargo pude ver por unos segundos, lo que ocurría detrás mío! A través del reflejo de la puerta de acero y su superficie levemente pulida, pude observar de manera borrosa quien o quienes dijeron esa frase... Estaba inmóvil y esa fue la primera vez que realmente me sentí débil, pero mi silencio no quiso demostrarlo!
Un león, que tampoco alcanzó a entrar, también estaba a mi lado y comenzó desesperadamente a arañar el portal aún más rápido cuando escuchó esa frase “divina”... ¡Como se notaba su debilidad y pequeñez!
Lo que estaba ocurriendo a mis espaldas y junto con el ruido ensordecedor de las puertas cerrarse violentamente, son escenas que quisiera borrar y olvidar para siempre!..
Hace milenios que no escribo en un computador, por un momento se me había olvidado esta tecnología... Y pensar que mi gente lo utilizaba en su tiempo libre, sobre todo los adolescentes en sus ratos de entretención! Soy el último Nephilim y una vez que pase un poco la incomodidad de este recuerdo, continuaré limpiándome de estas cenizas, escribiendo y compartiendo lo que viví desde el Monte Ararat hasta la Cordillera de los Andes...
*ilustración del Diluvio Universal del artista francés "Paul Gustave Doré" (1832-1883).
sábado, 17 de enero de 2009
1º Narración: La Llovizna Profética
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